¡Qué gloriosa noche!
No hay palabras suficientes para describir lo que vivimos, fue más que un evento, más que una vigilia…
fue una cita divina, un encuentro real con el Dios vivo, la presencia del Señor descendió con poder y amor.
Nos envolvió, nos habló, nos abrazó, cada oración fue escuchada, cada lágrima fue recogida, cada corazón fue tocado.
Vivimos una noche poderosa , donde las llamas del Espíritu encendieron lo que estaba dormido.
Fue una noche de libertad, de entrega, de renovación, una noche donde el Espíritu Santo se movió con libertad.







































































































































