Ideología de género – Una perspectiva bíblica y médica

El diseño de Dios: varón y hembra

La Escritura revela un Dios que ha desplegado Su gloria en toda la creación. Una escultura extraordinaria evidencia la genialidad de su creador. Del mismo modo, una escultura deficiente declararía la falta de habilidad o ingenio de quien la esculpió. El caso de la creación del universo no es diferente. Su extensión y su complejidad revelan con toda claridad la sabiduría, el poder y el control absoluto de Su Creador. Por eso el salmista afirma que los cielos proclaman Su gloria (Salmo 19:1). La gloria de Dios es el conjunto de Sus atributos, los cuales Él ha reflejado en diferentes formas, momentos y lugares. Todo cuanto Dios ha hecho es para Su gloria. Incluso la crucifixión de Cristo fue un acontecimiento que manifestó la gloria de nuestro Dios. Jesús se refirió a Su muerte como la hora de Su glorificación (Juan 12:23). La cruz desplegó Su amor, Su gracia, Su misericordia y también Su justicia. En su carta a los efesios, el apóstol Pablo afirma que la redención del hombre fue diseñada por Dios para alabanza de la gloria de Su gracia (Efesios 1:1-14). Por último, cuando Pablo escribe a los corintios, les enseña que si ellos comen o beben, deben hacerlo para la gloria de Dios (1° Corintios 10:31). Cada uno de estos pasajes muestra que todo cuanto Dios hace, tiene el propósito de revelar la gloria que exterioriza Su esencia y que Él manifiesta en Su acción.

Lo anterior constituye nuestro argumento a favor de que la creación del hombre y la mujer a imagen de Dios debe, de igual manera, manifestar Su gloria. Si esto es cierto, y creemos que lo es, entonces las características distintivas de cada género deben revelar aspectos del carácter de Dios. Ahora bien, como el Señor es infinito y nosotros limitados, nunca tendremos la capacidad de reflejar todo cuanto Él es. Pero, sin lugar a duda, una de las maneras en que Dios ha revelado Su gloria es a través de la creación de dos seres distintos, aunque complementarios. El hombre y la mujer, de forma individual, exhiben diferentes aspectos de Su carácter y manifiestan así con mayor excelencia la gloria de nuestro Creador. Sin embargo, la unión de dos personas en matrimonio refleja otras características del Señor que la soltería no puede desplegar. Una de ellas es la capacidad de procrear.

    • “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27)


Características de cada género que reflejan a Dios

Dios creó al ser humano con un género binario: hombre y mujer. Él no hizo dos personas solo para proveer compañía o ayuda mutua, en ese caso podría haber formado dos «Adanes» o dos «Evas». El Señor creó dos seres distintos. Conocía que se complementarían y que juntos, estos reflejarían Su gloria de un modo imposible de manifestar por separado. Dios creó cada «cosa» según su género, pero cada género tendría sus propias características para realizar la función que Él le otorgó. En el caso del hombre y la mujer, aún no conocemos todas las potencialidades de Adán y Eva porque, al pecar, nunca pudieron llevar a cabo sus responsabilidades de manera completa. Pero, como veremos en el resto del capítulo, en el hombre caído aún se observa una porción de su diseño y de su propósito originales.


El Hombre

Entre las características observadas típicamente en el sexo masculino encontramos el liderazgo, la fuerza, la confrontación, la independencia, la racionalidad (frente a la emocionalidad), la capacidad de ser proveedor y protector. Gran número de estas cualidades simbolizan responsabilidades dadas por Dios, quien creó al hombre para reflejar aspectos de Su Creador. Él se revela en la creación, de acuerdo con Romanos 1:19-21. Tal como los cielos proclaman la gloria de Dios (Salmo 19:1-4), el hombre y la mujer deben hacer lo mismo al vivir Su diseño. Veamos estas características masculinas por separado.

Liderazgo

La Escritura establece desde el principio que Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza (Génesis 1:26a). La Biblia también nos revela el orden en que el hombre fue creado. Primero Adán, como observamos en el Libro de Génesis:

    • «Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara. Y ordenó el Señor Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás» (Génesis 2:15-17).

Adán recibió de Dios las instrucciones, la responsabilidad y la prohibición. Más tarde, Él formó a Eva:

    • «… No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea. Y el Señor Dios formó de la tierra todo animal del campo y toda ave del cielo, y los trajo al hombre para ver

      cómo los llamaría; y como el hombre llamó a cada ser viviente, ése fue su nombre. Y el hombre puso nombre a todo ganado y a las aves del cielo y a toda bestia del campo, mas para Adán no se encontró una ayuda que fuera idónea para él. Entonces el Señor Dios hizo caer un sueño profundo sobre el hombre, y éste se durmió; y Dios tomó una de sus costillas, y cerró la carne en ese lugar» (Génesis 2:18-21).

Esto nos permite conocer que Dios capacitó al hombre para liderar la creación que Él estableció bajo su cuidado. El hombre tuvo la responsabilidad de cuidar y labrar el huerto, esto incluía una serie de obligaciones. Luego, Él creó a Eva y la trajo a Adán como ayuda idónea, tal como leímos en el pasaje de Génesis 2. Al asumir la condición de líder, Adán estaría reflejando una de las características principales de nuestro Padre, quien dirige de forma providencial toda Su creación. Asimismo, y de manera especial, Dios lidera a Sus hijos según lo reveló a través del salmista:

    • «Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con mis ojos puestos en ti» (Salmo 32:8)

Él cuida de Sus hijos y de Su creación, es el sustentador del universo. Si el Padre no sostuviera y protegiera Su creación de manera continua, esta colapsaría. Cuando observamos que el mundo formado por Dios sufre daño, debemos comprender que es producto de la caída del ser humano que afectó todo el cosmos; pero es también el resultado de la irresponsabilidad del hombre al ejercer su liderazgo. Un ejemplo de esto es la destrucción por mano humana de grandes extensiones de bosques en diferentes partes del mundo.

Fortaleza física

El hombre demuestra mayor fortaleza física que la mujer. Su musculatura y su complexión evidencian esta realidad. Liderar y cuidar la creación requiere de vigor físico, por tanto, es lógico que Dios diseñara de esta manera al varón a quién encargó la dirección y la custodia del mundo. Él es poderoso; en Génesis 17:1 expresa: «Yo soy el Dios Todopoderoso…»; y en Salmos 28:7 el salmista afirma: «El Señor es mi fuerza…». Entonces, aunque el ser humano no refleja todo el poder de Dios, al crear y designar al varón como líder, Él lo hizo más fuerte. El Señor reveló esto en 1 Pedro 3:7, donde observamos que la mujer es considerada como vaso más frágil. Cuando el texto bíblico realiza esta afirmación, no alude a una manifestación de la fragilidad de Dios. Más tarde veremos cómo esta particularidad de la mujer la capacita para ser el más amoroso de los dos géneros, lo cual la hace idónea para amamantar a sus hijos y criarlos. Lamentablemente, el hombre caído ha usado su fuerza de manera destructiva después de la transgresión de Adán.

Proveedor

Por otra parte, el Señor llamó al varón a ser el proveedor primario de su hogar. Pablo nos enseña que quien no provee para los suyos es peor que un incrédulo (1° Timoteo 5:8). Un hombre responsable no solo es un buen abastecedor, sino que también disfruta de proveer para los suyos y para los demás, de igual manera que nuestro Padre. En Hechos 14:17, Lucas escribe lo siguiente: «… y sin embargo, [Dios] no dejó de dar testimonio de sí mismo, haciendo bien y dándoos lluvias del cielo y estaciones fructíferas, llenando vuestros corazones de sustento y de alegría».

Protector

Todo buen líder será un buen protector. La fuerza física, superior en el varón, lo capacita para esta tarea. Cuanto más protector sea un hombre, mejor reflejará la función de cuidador de nuestro Dios, quien es poderoso para guardarnos sin caída y para presentarnos sin mancha en presencia de Su gloria con gran alegría (Judas 24).

La facultad de ser más racional y menos emocional

La observación de las conductas de ambos sexos ha revelado que el hombre es un ser más racional o «calculador» al tomar decisiones. Por su parte, la mujer suele ser más susceptible a dejarse persuadir por razones emotivas. Esto no significa que ella no sea capaz de pensar y tomar decisiones convenientes y racionales. Solo nos referimos a las tendencias naturales de cada género. El varón ha sido acusado de poseer escasa empatía por su forma racional de juzgar los asuntos por encima de los sentimientos. La sabiduría de Dios y Sus emociones no están divididas, funcionan al unísono al emitir un juicio. Él es la fuente de todo conocimiento, sin embargo, es un pensador y a la vez es un amante sincero. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su hijo…» (Juan 3:16). Ese pensador santo fue capaz de destruir Sodoma y Gomorra (Génesis 19). Ese pensador sabio destruyó el mundo con un diluvio, a pesar de amar Su creación (Génesis 6−8). Él ama a los seres humanos, pero la intensidad de ese amor concuerda con Su sentido de lo correcto. En Dios, el pensamiento racional es equilibrado por Su santidad, Su amor y Su justicia. Por diseño divino, el varón fue mejor dotado que la mujer para tomar decisiones más racionales y menos emocionales.

La capacidad de confrontar la maldad

En su rol de líder, el varón enfrentará reiteradas situaciones en las que deberá confrontar lo mal hecho y desenmascarar el error y la mentira. Eso requiere valor, determinación y firmeza. Por tal razón, a lo largo de la historia la mayoría de las posiciones policíacas, militares, judiciales, gubernamentales, fiscales y otras parecidas, fueron ejercidas por hombres. Solo en los últimos años estos cargos comenzaron a ser ocupados por mujeres, justamente cuando los roles han comenzado a confundirse o a invertirse. La Biblia contiene numerosos ejemplos en los que Dios confronta al hombre y aun a Satanás. El primero de ellos se nos presenta en el Jardín de Edén (Génesis 3:11-19). En el relato bíblico observamos que Dios confronta también a Job: «¿Dónde estabas tú cuando yo echaba los cimientos de la tierra? Dímelo, si tienes inteligencia» (Job 38:4). Como líder, el hombre fue llamado para ejercer esa función de confrontación de forma natural, tal como advertimos en la vida de Moisés y de cada uno de los profetas.

La capacidad de ser independiente

Por último, el hombre posee una tendencia natural a ser autónomo, mientras que la mujer disfruta de sentirse cuidada, protegida y, por tanto, dependiente. Dios es el único ser completamente independiente, esto se evidencia en las palabras del apóstol Pablo:

    • «¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pues, ¿quién ha conocido la mente del Señor?, ¿o quién llegó a ser su consejero?, ¿o quién le ha dado a Él primero para que se le tenga que recompensar? Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén». (Romanos 11:33-36)

Por su condición de criatura caída debido a los acontecimientos narrados en Génesis 3, el hombre refleja de manera limitada este y cada uno de los atributos de Dios que hemos mencionado.


La Mujer

La mujer, en cambio, exhibe características distintas a las del hombre, pero que de igual manera hallamos en el Señor. Entre estas se encuentran: el amor, el servicio, el deseo de mantener la paz, la capacidad emotiva y el ser proveedora y protectora de las emociones. Ella es quien mantiene las conexiones interpersonales, la influencia y la compasión. Todas estas características se ven de manera principal en la mujer y cada una de ellas se puede identificar con el carácter de Dios, como veremos.

El amor

En 1° Juan 4:8 leemos que Dios es amor. Quizás esta sea la cualidad más conocida de Su carácter. Es el atributo que explica por qué dio a Su Hijo por personas que no querían saber de Él. Es lo que esclarece por qué Jesús pidió perdón por aquellos que lo crucificaban. Sin lugar a duda, tanto el hombre como la mujer han sido capacitados para amar, pero el amor de una madre aflora desde el momento en que conoce que está embarazada. Ella no necesita esperar hasta ver a su bebé para amarlo. El hombre, en cambio, aunque se alegre con el embarazo, necesita más tiempo y contacto físico con la nueva criatura para comenzar a amarla de manera especial. La razón es solo una: el diseño divino capacitó mejor a la mujer para reflejar este atributo de Dios. Cuando el hombre y la mujer se unen en un buen matrimonio, el amor se exhibe con mayor excelencia.

La ternura

Esta característica propia de la mujer y en especial de una madre, no es algo que observamos con frecuencia en los hombres; pero es ostentada por el sexo femenino. Dios hizo a la mujer a Su imagen y semejanza, entonces deberíamos ser capaces de identificar dicha ternura en Él, y así lo advertimos en el siguiente pasaje: «¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que son enviados a ella! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste!» (Mat. 23:37).

Nutrir los nexos o conexiones

Los teólogos han señalado que Dios no solo ama, sino que también es amor (en Su esencia). Entonces, antes de crear al ser humano, ¿a quién amaba? La respuesta es que el Señor siempre existió en comunión a través del misterio de la Trinidad. De manera que, Él amó al Hijo y el Hijo al Padre (Juan 3:35; 5:20; 14:31). Así, la capacidad de relación que tiene la mujer indica que Dios la creó conforme a Su imagen y a Su semejanza. Del mismo modo, podemos afirmar que el Señor todo el tiempo ha deseado la comunión con Su pueblo. Dios creó a Adán y a Eva y se relacionó con ellos. Después de la caída, esta primera pareja fue expulsada del Jardín de Edén, pero Él encontró una forma de restaurar el vínculo.

De un solo hombre (Abraham), creó una nación y dio instrucciones posteriores de edificar un tabernáculo para habitar en medio de ellos. Luego, el tabernáculo y el templo fueron los lugares donde Dios «habitaría», a pesar de que Él no puede ser contenido. Años después, cuando el templo fue destruido, el Padre envió a Su Hijo que habitó entre nosotros. En el original, el término traducido como habitó podría interpretarse como «tabernáculo» (si existiera tal palabra) porque en griego se utiliza es «skenóo» que significa «hacer tienda». Es como afirmar que Jesús vino y colocó Su tienda entre nosotros. Llama la atención que el vocablo para tabernáculo es skené,10 y es similar al traducido en Juan 1:14 como «habitó». Por eso no es extraño que Cristo se identificara como el templo (Juan 2:20-21), en quien mora toda la divinidad de Dios. Cuando Jesús ascendió, el Padre y el Hijo enviaron a Su Espíritu (Juan 14:26) que hoy mora en nuestro interior. Dios es un ser relacional a diferencia de Alá, el dios de los musulmanes (no trino), cuya voluntad nadie conoce. Nuestro Padre está en relación consigo mismo en la Trinidad y a la vez lo está con el resto de Su creación.

Ayuda idónea

Como ayuda idónea, una de las tareas que la mujer ejecuta de manera perfecta es la de ser un agente de influencia y de colaboración especial. Dentro de la Trinidad, el Espíritu Santo (parákletos) es denominado el Ayudador, el Consolador o el Intercesor (Juan 14:26), una función que la mujer ejerce con excelencia, tal como se constata en la vida de la reina Ester, quien intercedió por el pueblo judío ante el rey Asuero. Dios constituyó a la mujer como ayuda idónea del hombre y ella, en cierta medida, refleja el rol de ayudador que el Espíritu Santo cumple en Su interacción con el ser humano.

De acuerdo con diversos estudios, todo recién nacido precisa de algunas condiciones básicas para desarrollar una buena salud emocional. Entre estas se especifican: el contacto físico, la conexión, la seguridad de permanencia, la nutrición emocional y la afirmación. Por diseño de Dios, nadie está mejor calificado para proveer estas condiciones que una madre. Después de nacer, la calidad del vínculo entre la mamá y el hijo posee una repercusión para toda la vida. Por ejemplo, un estudio realizado en la

Universidad de Harvard reveló que el 91 % de los hombres que no tenían una relación cercana con sus madres desarrollaron enfermedad coronaria, hipertensión arterial, úlceras gástricas y alcoholismo durante la mediana edad, mientras que solo el 45 % de los hombres que recordaban el calor humano y la cercanía con su madre padecían de los mismos problemas.

El diseño de ayudadora no está tan relacionado con lo que la mujer hace, sino más bien con quién ella es. Si observamos con atención, notaremos que la primera reacción de la mujer es ayudar a otros. ¿Por qué? Porque así fue diseñada. En ocasiones necesitamos desaprender numerosas mentiras que nos ha enseñado. Una de ellas es hacernos creer que quien ayuda a otro es inferior a ese otro. Sin embargo, nunca pensaríamos que el Espíritu Santo (el Ayudador), quien nos asiste en el proceso de santificación, es inferior a nosotros. Recordemos que el cambio requiere «desaprender» primero para luego aprender la verdad. Ayudar es la «especialidad» femenina o su principal fortaleza. La Biblia en ninguna ocasión enseña que la mujer no tiene valor, sino todo lo contrario. Hay varios versículos a lo largo de la Escritura que resaltan la valía de las mujeres, como el de Proverbios 31:10 que expresa: «Mujer hacendosa, ¿quién la hallará? Su valor supera en mucho al de las joyas». Declaraciones como esta pueden observarse a lo largo de la Biblia. Las parteras de Egipto que preservaron la vida de los niños hebreos mostraron ese rol de ayudadoras (Éxodo 1:15-21), y lo mismo hizo la reina Ester cuando intercedió ante el rey, como mencionamos más arriba.

El deseo de mantener la paz armoniosa

La Biblia revela que el Padre estaba enemistado con el ser humano después de la expulsión de Adán y Eva del Jardín de Edén. Ese distanciamiento terminó por iniciativa divina. Dios buscó al hombre para reconciliarlo con Él. Uno de los vocablos utilizados en el Nuevo Testamento para referirse a nuestra redención es la palabra griega «katalásso», que implica la reconciliación entre dos personas; tal como sucedió entre Dios y la humanidad. Fue el Señor quien puso fin a la enemistad, y esto nos fue revelado en las palabras del apóstol Pablo a los corintios:

    • «Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; a saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación» (2° Corintios 5:18-19)

Cristo es llamado «Príncipe de Paz» en Isaías 9:6. Ese deseo de traer armonía debe hallarse también en un hombre piadoso, pero al observar las relaciones, notamos cómo la mujer es el género que con mayor frecuencia procura mantener la paz armoniosa entre los diferentes miembros del hogar.

La compasión

Un hombre piadoso será también compasivo, pero esta no es una virtud que distingue al varón de manera natural, como sí lo es su fuerza física y su deseo de liderar. Debemos recordar que, si hay alguna virtud en el hombre o en la mujer creados a imagen y semejanza de Dios, es un reflejo de Su carácter. La Escritura declara en múltiples ocasiones la compasión del Señor. En 2° Crónicas 30:9 se afirma que el Padre es clemente y compasivo. Esa piedad se refleja mejor en la mujer que en el varón, aunque de forma imperfecta. Hay pocas personas que argumentarían en contra de que la mujer es el género más compasivo por naturaleza.


Hay hormonas del ser humano revelan que hay un diseño específico para cada género

En los varones, la hormona vasopresina se combina con la testosterona para aumentar la agresividad. Este efecto sinérgico tiene también un efecto sobre su sentido de la paternidad, la interacción social y la interacción sexual. Los circuitos masculinos usan más las hormonas testosterona y vasopresina; los circuitos femeninos utilizan más el estrógeno y la oxitocina. Como ejemplo podemos citar un estudio del doctor Richmond Thompson, profesor de psicología y neurociencia en Bowdoin College, en el cual dieron a inhalar vasopresina a representantes de ambos géneros mientras estos observaban retratos de rostros con expresiones neutrales. Después de aplicar la hormona, resultó que las mujeres vieron los rostros más simpáticos, mientras que los varones los percibieron más hostiles.

Otro estudio similar, pero que usó una hormona diferente —la oxitocina—, demostró que cuando se administró una dosis de dicha hormona a los hombres, ellos pudieron conectarse más con las emociones de otras personas. Por otro lado, cuando administraron la hormona testosterona a las mujeres, se observó que ellas podían enfocarse más en la realización de una tarea.

En un estudio que midió los niveles de testosterona en hombres antes y después de ver un evento que producía enojo en ellos, se observó que dichos niveles se elevaron con el evento, lo que causó un aumento en los circuitos para la agresión, que a su vez incrementó de nuevo la testosterona y se produjo entonces un círculo vicioso. Estos cambios modifican la estructura y el funcionamiento del cerebro y como resultado producen la maduración cerebral. Lo anterior explica por qué en las diferentes etapas de la vida ocurren cambios no solo físicos, sino también en la forma de pensar y actuar del individuo. Por ejemplo, el centro de placer en el adolescente varón es menos sensible que el centro de placer en los adultos y en los niños. Esto puede revelar por qué el adolescente en múltiples ocasiones aparenta estar aburrido y da la impresión de que no le importa lo que otros piensen de él, cuando en realidad es lo opuesto. Antes de la pubertad, ni el cumplido ni la crítica conmueve a los varones, pero durante la adolescencia la zona cinglar rostral, que es el termómetro cerebral para la aprobación social, está recalibrándose y el rechazo de sus iguales les produce una sensación semejante a la que experimentan al pensar en la muerte. La autoconfianza de un adolescente es directamente proporcional a su apariencia frente a sus iguales. Si él o ella no siente que está en el primer lugar, se comportará como si no le importara, aunque su corazón esté dolido.


Otros beneficios de las diferencias entre géneros

Al considerar la Escritura, en especial aquellos pasajes que hablan del matrimonio, observamos que Dios también concibió otros propósitos al crear dos seres tan diferentes entre sí. Como revela Romanos 8:28-30, El Señor forma la imagen de Su Hijo en nosotros, y la unión matrimonial contribuye a configurar esa imagen en la vida del creyente a través de las diferencias de género y de roles. El autor de Proverbios nos enseña que: «El hierro con hierro se afila, y un hombre aguza a otro» (Proverbios 27:17). Esto se cumple en todas nuestras relaciones, pero en particular en el matrimonio, donde las parejas conviven todo el tiempo con sus diferencias, estas los obligan a ejercitar la paciencia, la mansedumbre, el dominio propio

y aún más, el amor incondicional. Quizás no haya otra relación que contribuya más a formar la imagen de Dios en el ser humano que el matrimonio bajo las directrices del Creador.

Un autor estadounidense llamado Gary Thomas, afirma: «Es desafortunado y triste cuando algo tan profundo como vivir una analogía de Cristo y Su Iglesia es reducido a experimentar esta relación meramente como algo que nos ayudará a evitar el pecado sexual, a mantener el mundo poblado y a proveer una cura para la soledad».

El matrimonio tiene la función de ilustrar la unión de Cristo con Su Iglesia; un vínculo indisoluble donde deben primar el amor y la lealtad. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo instruye a las esposas de la siguiente manera: «Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo» (Efesios 5:22-23). El matrimonio permite desplegar la expresión más cercana posible al amor incondicional de Cristo por la Iglesia. La Trinidad ha disfrutado de amor mutuo desde la eternidad. Cristo expresó esta idea cuando oró diciendo: «Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo» (Juan 17:24).

Por su parte, el pastor John MacArthur expresa lo extraordinario de este misterio de la siguiente manera: «El sentido sagrado de la Iglesia está íntimamente relacionado al sentido de lo sagrado del matrimonio. A través del matrimonio usted simboliza o niega a Cristo y a Su Iglesia».


Formas distintas y complementarias de cada géneros

Con lo expresado no pretendemos sostener que las características mencionadas son exclusivas de cada género. Es claro que los hombres saben amar y que las mujeres tienen fortaleza física. Sin embargo, cada género exhibe algunas de estas cualidades de manera más natural que otras. El hombre y la mujer son diferentes, pero complementarios. Podríamos ilustrar esta afirmación al expresar que los varones demuestran su amor arreglando los problemas del otro, así como un mecánico compone un automóvil o como un matemático resuelve una ecuación numérica, y no tanto expresando el tierno cariño propio de una mujer o de una madre. Las féminas, en cambio, no demuestran el poder desde una posición de autoridad o de fortaleza física, sino por la facilidad con que logran convertirse en agentes de influencia para bien o para mal, como hemos visto en la historia, tanto bíblica como secular.

Por ejemplo, al leer las epístolas de Pablo, notamos un amor tierno en sus palabras (Romanos 1:8-10; Efesios 1:15-16; Filipenses 1:3-8), pero siempre escribió sus cartas con el propósito de instruir y en múltiples ocasiones con el objetivo específico de resolver problemas presentes en las iglesias. Esto no fue distinto en Moisés, quien llegó a ofrecer su propia vida para evitar la muerte de los israelitas (Éxodo 32:32). Eso es amor, pero también manifiesta a un Moisés firme, con una voluntad de hierro, que ejercía un liderazgo fuerte y resolvía problemas de modo habitual.

Por su parte, la Biblia demuestra el poder de influencia de la mujer, como vemos en el Libro de Proverbios 12:4: «La mujer virtuosa es corona de su marido, mas la que lo avergüenza es como podredumbre en sus huesos». La palabra utilizada para virtuosa en el lenguaje hebreo es «kjáil», que también se traduce como fortaleza. La diferencia radica en la forma en que la mujer lo demuestra. No a través de un poder físico, sino mediante su capacidad para influenciar a otros. Su poder puede ser abrumador. No fue casualidad que Satanás se acercara a Eva para llegar hasta su marido y hacerlo caer. Si las mujeres realizan esta función conforme al diseño divino, se convierten en un arma poderosa en las manos de Dios. En la actualidad, el liderazgo no tiene que ver con títulos, posiciones ni diagramas de flujo; se trata más bien de una vida que influencia a otros.

El pecado cometido en el Jardín de Edén produjo el alejamiento de Dios y esto distorsionó todo lo que Él había creado. El hombre entonces utilizó su poder físico de forma equivocada y vio a la mujer como inferior a él. La mujer, para compensar su falta de poder físico, distorsionó su diseño y utilizó su influencia para manipular las situaciones. Esa capacidad es poderosa. El hombre y la mujer deben ejercerla en una actitud de confianza en la sabiduría y la soberanía del Señor. Dios nos guiará para producir el resultado que Él desea en cada situación. En Su Palabra, el Señor enseña a la mujer cómo debe vivir: «Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta [influencia] de sus mujeres al observar vuestra conducta casta y respetuosa» (1° Pedro 3:1-2)

Es importante que la mujer cumpla de modo adecuado el rol que Dios le ha asignado pues, como ya dijimos, esa capacidad de influenciar a otros puede convertirse en un arma poderosa si se usa con santidad. De lo contrario, las consecuencias podrían ser graves, según nos advierte el Libro de Proverbios: «La mujer sabia edifica su casa, pero la necia con sus manos la derriba» (Proverbios 14:1). Dios ha otorgado a cada género distintos atributos y fortalezas con el propósito de reflejar Su gloria en medio de un mundo caído y perdido. Nuestro trabajo es descubrir ese objetivo y utilizarlo para que la humanidad vea a Dios a través de nosotros.

Por otro lado, la Escritura también le enseña al hombre a ejercer su liderazgo. Así lo expresa 1° Pedro 3:7: «Y vosotros, maridos, igualmente, convivid de manera comprensiva con vuestras mujeres, como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole honor como a coheredera de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas». Este texto nos permite ver de manera implícita que la tendencia del hombre es ser más áspero o rudo por naturaleza, mientras que la mujer es más frágil y vulnerable en lo emocional, aunque eso no le impide elevarse por encima de numerosas circunstancias.

Dios asignó al hombre y a la mujer diferentes roles. Pero, en ocasiones, el rol de la mujer se superpone al del varón cuando, por ejemplo, una madre confronta y corrige la conducta de sus hijos. Sin embargo, la mujer aporta una perspectiva diferente a esa tarea, la presentada por el vocablo «ézer» (ayudadora).

Es el apóstol Pablo, al instruir a Timoteo en los deberes hacia los demás, enumeró las siguientes virtudes en las viudas: «… que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos, si ha mostrado hospitalidad a extraños, si ha lavado los pies de los santos, si ha ayudado a los afligidos y si se ha consagrado a toda buena obra» (1° Timoteo 5:10). El rol que expresa el término «ézer» no solo se cumple en el hogar, sino que también debe ser un estilo de vida. Si la mujer fue creada de esta manera, entonces debe vivir ese diseño en todos los roles y en todas las áreas donde el Señor la coloque como persona de influencia. Y si ese papel se desempeña de manera correcta, las mujeres que le sucedan podrán imitarlo y se convertirá en un legado transmitido de una generación a otra, sin importar lo que la cultura secular enseñe a sus hijos.


Conociendo un poco más de la ideología de género

    • “Y dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…”
      (Génesis 1:26)

Durante los últimos diez o quince años nuestra generación ha experimentado cambios en extremo notorios en el área de la sexualidad humana. Nos hallamos en medio de una revolución sexual sin precedente, creada de manera artificial; se trata de una nueva ideología de género, nunca antes conocida en la historia de la humanidad. Sus ideas no son innovadoras, sino destructoras de las bases que ofrecen estabilidad a la sociedad. El concepto de matrimonio se basa en el entendimiento de que, en su naturaleza, el hombre y la mujer están capacitados de formas diferentes y cuando ocurre la unión conyugal se complementan el uno al otro y adquieren nuevas capacidades, como la de procreación. Lo que algunos llamarían «equipamiento dado por la naturaleza» obedece a un diseño inteligente, no de parte de un Dios impersonal, sino de un Señor omnisciente, sabio, justo, santo y personal, que colocó Sus huellas sobre una pareja portadora de Su imagen para que se complementaran, se disfrutaran mutuamente y se reprodujeran (Génesis 1–2). Después de la caída, la imagen de Dios en el hombre y la mujer quedó distorsionada, eso trajo como consecuencia la desfiguración de su funcionamiento y una redefinición de sus roles que ha empeorado en las últimas décadas con la revolución feminista, seguida por la revolución sexual de nuestros días.

Hace varios años, durante una conferencia internacional para la mujer, escuché un comentario realizado por un funcionario gubernamental con relación a las mujeres. Esa persona alegaba que la única diferencia entre los hombres y las mujeres eran: «los glúteos grandes y los senos». Al escucharlo, quedé asombrada y experimenté una gran pena por el profundo desconocimiento que existe en el mundo sobre las diferencias entre el hombre y la mujer. Si observamos de manera objetiva, es evidente que las desemejanzas entre los dos géneros se encaminan más allá de la anatomía. De hecho, cuando comparamos al hombre y a la mujer en sus formas de pensar o reaccionar en contraste con sus diferencias anatómicas, nos percatamos de que hay más similitudes en su anatomía, que en sus formas de pensar y actuar.

La ciencia ha demostrado que a nivel cerebral la función fisiológica es distinta en los hombres y en las mujeres. Y aunque la diferencia genética entre el varón y la mujer es solo de un 1%, las implicaciones de este minúsculo porcentaje son inmensas. Para colocar este hecho en perspectiva, vale la pena mencionar que la distinción genética entre el ser humano y el chimpancé, que los evolucionistas siempre han considerado como la especie más cercana al ser humano, es de 1,23%; aunque algunos hablan de un 3%. Es evidente que, conforme a la cosmovisión de cada persona, podríamos llegar a deducciones diferentes. Sin embargo, para quienes somos creacionistas (creyentes en un Dios creador y sustentador del universo) la conclusión es que Dios, el único ser infinitamente sabio, puede diseñar seres con grandes diferencias efectuando modificaciones apenas medibles. De modo que, mantener la perspectiva correcta es vital al realizar un análisis.

Un refrán afirma que no debemos juzgar un libro por su cubierta y entendemos que este proverbio popular expresa una inmensa sabiduría. Por ejemplo, si un hombre se somete a una cirugía plástica para cambiar su sexo, después del proceso quirúrgico, ¿esa persona es un hombre o ahora es una mujer? Si juzgamos por su apariencia exterior tendríamos que concluir que es una mujer, pero ¿cuál es la realidad? En cada organismo viviente hay un solo tipo de molécula que contiene toda la información genética usada en su desarrollo y en su funcionamiento, llamada ADN o ácido desoxirribonucleico, que es responsable de toda la transmisión hereditaria. Esta información reside dentro del núcleo de cada célula en cada organismo. Cuando un hombre se somete a un procedimiento quirúrgico para cambiar de género, no cambia su ADN ni cambian sus cromosomas que lo definen como hombre; la transformación que produjo la cirugía es solo a nivel de sus órganos sexuales. Por lo tanto, él aún es un hombre, pero ahora vive en rebelión a su diseño. De igual manera sucede con otros tipos de cirugías plásticas. Tú puedes realizarte todas las cirugías plásticas disponibles para lucir más joven, pero al final del camino tu edad será la que dictan los años, no la que se descubre ante el espejo.


La ideología de género

Hasta hace dos décadas, las palabras sexo y género podían usarse de manera indistinta sin problema. Hoy, sin embargo, esto ha cambiado. Muchos han comenzado a opinar que el sexo define solo características biológicas que causan que un individuo sea varón o hembra, y que el género (masculino o femenino) es una construcción social y no biológica que está determinada por lo que la persona siente que es, hombre o mujer, independientemente de sus órganos genitales.

Según nuestra sociedad, la biología no tiene nada que ver con la identidad de género. Pero el asunto no es tan sencillo como parece. Para comprender cómo se determina el sexo de una persona, debemos regresar a la genética y a la embriología. En el núcleo de cada célula hay genes con diferentes combinaciones de ADN (ácido desoxirribonucleico), las unidades hereditarias que determinan no solo las características físicas de la persona, sino también el funcionamiento de cada órgano. Las diferentes combinaciones en el ADN determinan las características de los seres humanos: el color de pelo, el tono de piel, o cualquier otro rasgo que marca la individualidad de la persona. En los humanos, hay 23 pares de cromosomas (46 en total); 22 pares se conocen como autosomas y son iguales en el sexo masculino y en el femenino. El último par, son los que llamamos «cromosomas sexuales». Aquí existe una diferencia: las personas femeninas tienen dos cromosomas X (XX) y las personas masculinas tienen un cromosoma X y otro Y (XY).

El sexo está determinado por el tipo de gen que el feto recibe de sus padres. El hijo o la hija recibe un cromosoma sexual de cada progenitor. La madre siempre donará un cromosoma X y el padre puede donar un cromosoma X o un cromosoma Y. Aunque el sexo queda determinado en el momento de la concepción, en el estado fetal el desarrollo de ambos sexos es idéntico hasta la sexta semana. Si el feto es masculino, entrará en juego una proteína conocida como proteína SRY, que se produce a partir de un gen en el cromosoma Y. Esta proteína ocasiona la formación de los órganos masculinos. Si la proteína SRY está ausente, se desarrollarán los órganos femeninos. Así, la composición genética (lo que llamamos el genotipo) es lo que determina cómo el individuo luce y funciona (lo que llamamos el fenotipo).


El vocabulario cambió, y así cambiaron las ideas

Cuando una persona afirma sentirse más como el sexo opuesto al que su fenotipo demuestra, entonces se habla de disforia de género. Ese individuo profesa sentimientos como si estuviera en el cuerpo del sexo equivocado, condición que se ha denominado transexualidad. En otras palabras, la persona siente que es una mujer atrapada en un cuerpo de hombre o viceversa (disforia de género).

El término disforia de género también se utiliza para referirse a personas que sienten que su género no es exclusivo (masculino o femenino), estas personas alegan que son «bigénero» y se identifican con ambos géneros. También existen quienes se denominan «agénero», porque sienten una ausencia de género o porque se consideran de un tercer género totalmente separado de los otros dos. El pensamiento popular de hoy declara que el género es determinado en el individuo no por su genética, sino por lo que la persona «siente». Antes del posmodernismo esto se habría considerado descabellado.

Dot Brauer, psicóloga clínica y directora del Centro LGBTQ+ de la Universidad de Vermont, define la identificación de género como «lo que se siente bien para la persona». Ella expresa: «En mi generación toda la información fue dada desde una perspectiva limitada y con lenguaje limitado impartido en la clase de salud y aquello que fue aprobado por la junta de educación», así sugiere que ellos poseían una mente estrecha. Se declara que el género existe en una gama, como un modo de afirmar que existen diferentes y múltiples expresiones entre los dos géneros. Lisa Fields, de WebMD, expresa: «Ser transgénero tiene que ver con lo que una persona siente en su interior».

El doctor Michael L. Hendricks, psicólogo clínico en Washington que trabaja con pacientes durante su transición (personas que cambian de lo que su biología determinó hacia lo que sienten), manifiesta que no hay un patrón, sino que varía con cada paciente. Ahora se esclarece porqué Facebook posee 71 géneros diferentes para seleccionar en un perfil.

Todo esto implica que, si me siento mujer, pues eso es lo que soy. Incluso se desea aprobar que los niños escojan el sexo que ellos quieren ser. Esto significaría que, si un niño siente que es Superman, deberíamos permitirle que se identifique como tal porque eso es lo que siente. Hace algún tiempo la BBC de Londres informó que una mujer sentía que era hija del famoso artista Salvador Dalí. Análisis de ADN probaron la falsedad de lo que ella sentía. Entonces, ¿por qué decidimos creer en la genética en este caso, y no cuando un niño afirma que siente que es (varón o hembra) cuando no lo es? Es notorio que no podemos decidir lo que somos basándonos en nuestros sentimientos y en contra de la evidencia. Algunas personas manifiestan que sienten que son animales e incluso han tratado de vivir como tales. Pero no por eso los consideramos animales. ¿Por qué no? Porque su genética prueba todo lo contrario.

Usaremos un versículo bíblico como ilustración y aplicación. Proverbios 14:5 expresa: «El testigo veraz no mentirá, pero el testigo falso habla mentiras». Es evidente que el contexto de ese versículo no es la sexualidad humana, pero a modo de ejemplo podríamos declarar que el testigo veraz es la composición genética que Dios nos dio y el testigo falso es la cirugía que pretende hacernos lucir como lo que no somos. La mujer puede acentuar o remover aspectos de su feminidad con sus acciones, pero ella no puede alterar su verdadera feminidad. Aun después de masculinizar su feminidad, esa mujer porta un par de cromosomas XX en cada

célula de su cuerpo. La confusión y el caos de nuestra cultura se deben, en gran proporción, a que las mujeres (y también los varones) se han conformado a los patrones y formas de pensar del mundo, que son contrarios a las directrices dadas por el apóstol Pablo en Romanos 12:1-2.

La cosmovisión cambió, y por lo tanto también cambió el lenguaje. Ya no es «género biológico», como siempre se afirmó, sino «género asignado», lo cual significa que este fue «asignado» al nacer por el personal médico, sin conocer si será el género con el que el niño o la niña se identificarán.

Como hemos visto, la biología, la embriología, y la genética demuestran que solo hay dos sexos. Esta noción de que el género es independiente del sexo biológico se considera precisamente una ideología porque no está basada en la ciencia. Aunque la disforia de género todavía es considerada como una anormalidad en la psiquiatría, esto también parece estar cambiando.

En el siglo XVIII, el mundo pasó por la Revolución Científica, donde se buscaba la verdad a través del método científico. Para que algo fuera aceptado como verdadero debía ser probado a través de la experimentación y la corroboración de los resultados iniciales. Esto es efectivo cuando la información es medible, pero en otras áreas es impreciso. Una de las áreas en que el método científico no tiene valor es en las emociones. En el ámbito filosófico, moral y psicológico, se aceptaron innumerables afirmaciones como postulados científicos, cuando en realidad el método científico no puede aplicarse a ninguna de ellas.

A medida que la sociedad cambió, la humanidad se volvió más egocéntrica e individualista, y llegó a pensar que la verdad se establece para cada individuo según su propia opinión. En el mejor de los casos, el ser humano de hoy piensa que, si él no tiene la razón, la mayoría sí la tendrá. Este es el fruto del corazón engañoso del hombre que lo impulsa a creer que él siempre tiene la razón. (Proverbios 21:2)

En nuestros días, la mayoría de las personas ha llegado a pensar que la autorrealización es lo que trae la felicidad; esto se convierte en tierra fértil para la aceptación de algo como la ideología de género. Si la felicidad es un derecho y la verdad es relativa, entonces la tolerancia a cualquier ideología será el resultado natural, con el consecuente rechazo de cualquier verdad absoluta.


La caída del hombre y la ideología de género

Es importante recordar que la caída del hombre fue el resultado de una mentira que alteró la verdad revelada por Dios. Del mismo modo, la ideología de género es un engaño contrario a lo revelado por el Creador. El profeta Isaías nos recuerda: «¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!» (Isaías 5:20). Con la caída, narrada en Génesis 3, todos los aspectos del ser humano se afectaron. Esto incluye la naturaleza física, la facultad mental, las emociones y la dimensión espiritual. Dios nos creó para que existiera armonía en todas las áreas; sin embargo, con la entrada del pecado, esta conformidad se perdió.

Los sentimientos y las emociones de cada persona son reales y pueden ser en extremo fuertes, aunque no correspondan a la verdad de su biología. A pesar de esto, si permitimos que la verdad se defina por los sentimientos y el individualismo, en lugar de por aquello que corresponde a la realidad, entonces terminaremos en la posición que observamos hoy, donde muchos se preguntan qué es verdad.

Si las personas con disforia de género son estimuladas a abrazar lo que es una patología, solo empeoraremos su disfuncionalidad. Entre el 32% y el 50% de las personas transgénero cometen un intento de suicidio aun en lugares como Suiza, donde esta ideología es aceptada. El cristiano siempre debe desear lo mejor para los demás. Eso implicaría ayudar a estas personas a abrazar el diseño del Creador. Entonces las amaríamos de verdad.

Durante numerosos años la ciencia sostuvo que los niños nacen como una pizarra en blanco y que las diferencias conductuales son provocadas por las diferencias en la enseñanza dada por su ambiente. Con el descubrimiento de las resonancias funcionales (IRM) y las tomografías por emisión de positrones (TEC), los estudios han demostrado que esto no es cierto. Mantener dicha posición sería similar a aseverar que la tierra es cuadrada, aun después de descubrir que no lo es.


El veredicto de la Biblia

En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo nos enseña: «… somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas» (Efesios 2:10). La palabra griega para hechura suya es «poíema», de donde proviene el vocablo poema. Este término expresa la idea de belleza en la forma y en el patrón dado, tal como sucede con una obra magistral. Por eso el rey David escribió en el Libro de los Salmos:

    • «Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre. Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No estaba oculto de ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado, y entretejido en las profundidades de la tierra. Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos» (Salmo 139:13-16).

Cuando Dios diseñó al primer ser humano tuvo en cuenta cada detalle, y lo mismo hizo con cada criatura que Él formó en el vientre de una madre. Cada ser es diferente y único. «Siempre recuerda que tú eres absolutamente único, igual que ocurre con todas las demás personas», es una frase atribuida a Margaret Mead, una antropóloga cultural norteamericana, no cristiana. Ella afirmaba una verdad que solo conocía de modo parcial. Dios manifestó esa realidad cuando David expresó, por inspiración divina, «asombrosa y maravillosamente he sido hecho». David no declara «hemos sido hechos» para referirse a los seres humanos en general, sino que usa el pronombre para referirse a él como un individuo: «he sido hecho».

Nuestro entendimiento de las diferencias entre el diseño de la mujer y el del hombre no constituye un concepto abstracto, sino una cosmovisión que determina cómo vivimos. Por esta razón, el cristiano debe estudiar y entender este tema, ya que el mundo en que existimos está confundido y cegado por el pecado, que empeora con los cambios culturales y morales que van in crescendo. Cada persona vive en concordancia con su concepción del mundo y de la existencia (cosmovisión). Nuestro conocimiento de Dios, nuestro entendimiento de cómo Él nos creó y qué hizo por nosotros se refleja en nuestras actitudes, nuestras acciones, nuestras relaciones, la forma en que educamos a nuestros hijos, nuestro comportamiento, nuestras expectativas, y en todas las demás áreas de nuestra vida. Esta cosmovisión afectará también a la próxima generación. Oseas 4:6 revela: «Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento. Por cuanto tú has rechazado el conocimiento, yo también te rechazaré para que no seas mi sacerdote; como has olvidado la ley de tu Dios, yo también me olvidaré de tus hijos». Ese conocimiento es el que modela nuestra cosmovisión.

Aunque no dedicamos gran cantidad de tiempo para evaluar nuestra cosmovisión, esta influye en nuestro diario vivir. Eso explica por qué en ciertas ocasiones personas inteligentes e instruidas no ven lo que a nosotros nos parece evidente. La cosmovisión bíblica siempre es opuesta a la del mundo porque el príncipe de este mundo es Satanás (Juan 12:31) y él cegó el entendimiento de los hombres, tal como explica el apóstol Pablo a los corintios: «En los cuales el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios» (2° Corintios 4:4). Pero Jesús vino para revelar la verdad, como Él afirmó: «[…]. Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz» (Juan 18:37b). Cristo no solo se encarnó para revelarse como Salvador, sino que también vino para revelar la verdad en su totalidad. Esta idea se completa en Juan 10:10 cuando Jesús expresa: «El ladrón sólo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia».

Una observación objetiva del mundo de hoy revela que las diferentes culturas están desintegrándose de forma paulatina conforme aumentan los índices de deterioro social como el consumo de drogas, la violencia, el crimen, etc. Si lo que hacemos no está funcionando, debemos cuestionar nuestras creencias. No resolveremos nuestros problemas si conservamos la forma de pensar que dio origen a esas dificultades. Se ha dicho que: «Locura es repetir la misma cosa una y otra vez, esperando resultados distintos». Esta frase ha sido atribuida con cierta frecuencia a Albert Einstein; sin embargo, no tenemos completa certidumbre de que él haya sido el autor de la misma. La única conclusión verdadera a la que podemos arribar es que estamos equivocados y como las creencias poseen consecuencias, debemos decidir lo que creeremos y luego actuar.


Principios de Aplicación

La idea de este estudio es entender el momento histórico en el que nos encontramos para saber qué hacer. (1° Crónicas 12:32)

En el próximo capítulo veremos cómo la ciencia ha corroborado a través de estudios lo que ya sabíamos. Por ello, debemos decir amén a lo revelado por Dios. El ser humano no le informa al Señor lo que es verdad, sino que descubre lo que Él ya reveló como cierto. Como cristianos, en numerosas ocasiones nos sentimos inseguros alrededor de los «educados» con otra cosmovisión y desconocemos cómo defender lo que creemos (apologética). Es nuestro deseo que, con la información compartida en este estudio, podamos «defendernos» usando no solo la Palabra de Dios, sino también los hallazgos del quehacer científico del ser humano. Decía Louis Pasteur: «Un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve a Él». El propósito es proveer toda la evidencia posible para defender mejor lo que el Creador nos ha revelado, sin olvidar que debemos hacerlo con mansedumbre y reverencia (1° Pedro 3:15). Precisamos clamar al Señor para que Él nos enseñe a fin de caminar conforme a lo revelado (Jeremías 33:3).


La arquitectura cerebral de ambos géneros

    • “Porque tú formaste mis entrañas;
      Tú me hiciste en el vientre de mi madre.
      Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado,
      Y mi alma lo sabe muy bien.” (Salmo 139:13-14)

Introducción

El cromosoma X junto al cromosoma Y son los determinantes del sexo en los seres humanos. Lo que decidirá si el sexo del bebé es femenino (XX) o masculino (XY) es si el espermatozoide paterno llevaba un cromosoma X o uno Y al momento de la fecundación. Durante la etapa fetal, ambos géneros lucen igual hasta la octava semana de embarazo. Es entonces cuando se produce una elevación súbita de la testosterona en el feto masculino (XY) que provoca la masculinización del embrión. Sin esta elevación en los niveles de testosterona el feto se desarrollaría como femenino. Asimismo, se entiende que durante esta etapa ocurre en el varón un aumento en los circuitos cerebrales para la exploración, el control motor y las habilidades espaciales. Entonces resulta que la corteza parietal, área donde se controla la percepción espacial, es más grande en los hombres. Por su parte, en el cerebro femenino la falta de testosterona propicia que crezcan las células en los centros de comunicación y en las áreas donde se procesan las emociones. Aunque estos cambios cerebrales acontecen en la etapa fetal, son amplificados por las hormonas femeninas durante la adolescencia. De esto resulta que aun las jovencitas son expertas en interpretar expresiones faciales, el tono de voz y las emociones de las personas.


La estructura cerebral y la ideología de género

El género de un individuo no es una construcción social como innumerables personas afirman y esto se ha enfatizado en capítulos anteriores. Los seres humanos fuimos diseñados por un Dios sabio. Además de lo que conocemos gracias a la revelación bíblica y a la observación natural, la ciencia ha demostrado que las distinciones entre el género masculino y el femenino son profundas y abarcan todo nuestro ser. Desde el estado fetal, el cerebro de los hombres y el de las mujeres se desarrollan en formas diferentes. Los circuitos cerebrales son distintos; las hormonas, aunque iguales, se presentan en distintos niveles y los patrones de secreción varían según el género. Así mismo, las funciones que realizan y los circuitos que usan también son diferentes. Aunque los circuitos cerebrales masculinos y femeninos son en extremo parecidos, la forma en que cada género logra la misma meta o tarea con frecuencia es mediante circuitos neuronales distintos. Una investigación enfocada en el estudio del cerebro de adolescentes de diferentes géneros observó que los circuitos cerebrales que resultaron ser diferentes corrían de norte a sur en el cerebro masculino, mientras que en el femenino lo hacían de este a oeste. A mayor edad (17 a 22 años), las diferencias aún persistían, pero eran menos marcadas. Las siguientes imágenes muestran las diferencias entre los circuitos cerebrales masculinos (primera imagen) y los circuitos cerebrales femeninos (segunda imagen).

Al comparar el cerebro de los dos géneros, podemos observar que el masculino tiene 6,5 veces más cantidad de materia gris (compuesta mayormente por los cuerpos neuronales y sus prolongaciones sin mielina, cuya función es procesar la información) y el femenino tiene diez veces más materia blanca (compuesta de modo principal por las prolongaciones de los cuerpos neuronales [axones] con mielina). Estos axones constituyen la red de conexiones y permiten más comunicación entre las neuronas. La diferencia entre mayor sustancia gris en los hombres y mayor sustancia blanca en las mujeres no establece ninguna distinción en grados de inteligencia.

 

Ahora bien, las diferencias que hemos mencionado pueden explicar por qué los hombres sobresalen en las tareas donde el proceso cerebral está localizado en un área del cerebro (por ejemplo, el procesamiento de las matemáticas y de la física), mientras que las mujeres se destacan en tareas donde resulta necesario integrar y asimilar la información, como sucede con el lenguaje. Por otro lado, el área cerebral donde residen la materia blanca y la materia gris es diferente según el género. En la mujer, «el 84 % de la materia gris y el 86 % de la materia blanca están alojadas en los lóbulos frontales; mientras que en el hombre solo el 45 % de la materia gris y el 0 % de la materia blanca están ubicadas en dichos lóbulos, pues se encuentran más dispersas en el cerebro masculino».

Asimismo, se han utilizado resonancias magnéticas funcionales para comparar a hombres con mujeres y se ha demostrado que el género masculino usa ambos hemisferios para resolver tareas visuales-espaciales, mientras que el femenino solo utiliza el lado derecho. El hemisferio derecho es más grande en la mujer y es donde se ubica la memoria del entendimiento, la percepción de las emociones y la memoria de las relaciones espaciales entre objetos.

Esta es la misma área que permite el procesamiento cerebral de la información que entra por los sentidos, y también ayuda en la atención selectiva asociada con la percepción. Esta es una de las razones por las que las mujeres pueden captar mejor las emociones de sus hijos.

Al hablar con otras personas, en las mujeres se crea una conexión que no ocurre en los hombres, debido a que el cerebro femenino activa el centro de placer a través de la elevación de dos hormonas: la dopamina, que estimula los circuitos de motivación y de placer, y la oxitocina, que estimula la intimidad. Por cierto, la oxitocina es la hormona que aumenta cuando el bebé se alimenta del seno materno y es también la que produce la conexión entre una madre y su hijo. Del mismo modo, las hormonas estrógeno y progesterona, que existen en niveles más elevados en las mujeres, poseen la capacidad de aumentar aquellas dos hormonas antes mencionadas. En contraste, el aumento de la testosterona en el varón disminuye su interés de socializar con otras personas a menos que se relacione con el del deporte o la búsqueda sexual.

Es claro entonces que las hormonas femeninas preparan a las hembras para las conexiones y relaciones interpersonales (Salmo 144:12), mientras que las masculinas capacitan a los varones en el área del comportamiento agresivo y territorial para cuando él necesite proteger y ejercer dominio sobre su territorio (Génesis 1:28).


Diferencias anatómicas y funcionales entre hombres y mujeres

El cerebro tiene una parte conocida como el lóbulo parietal; esta área es dominante en el lóbulo derecho y nos ayuda con la percepción del tiempo, la velocidad y la habilidad de rotar un objeto en nuestra mente. Ese lado derecho del cerebro es más grande en los hombres que en las mujeres, y para resolver las tareas visuales- espaciales ambos sexos usan ambos lados cerebrales sin embargo las mujeres necesitan usar el lóbulo frontal también. La actividad es mas simétrico en la mujer mientras en el hombre el lado derecho es dominante. Esto podría explicar por qué los hombres en múltiples ocasiones se orientan con mayor rapidez que las mujeres.

En referencia a las emociones, la amígdala es el órgano que registra de modo general las emociones que tiene que ver con el peligro. En los estudios realizados, las mujeres, tuvieron más activación en el lado izquierdo, mientras que, en los hombres, se registró mas activación en el lado derecho que es el área que interviene en la acción y que registra el ambiente externo. En el género femenino, la percepción de las emociones, el procesamiento de los sentidos, la atención selectiva y la percepción están ubicadas en el lado izquierdo de la amígdala, mientras que en los varones se ubican en el lado derecho. Por esta razón, la mujer capta con más velocidad situaciones emocionales como el llanto de un niño, mientras que el hombre puede estar presente y ni siquiera oírlo.

Ya que nosotros, de modo usual, elegimos profesiones relacionadas con áreas para las que poseemos más aptitud, esto podría explicar por qué hay más hombres en las profesiones de arquitectura e ingeniería, mientras que las mujeres dominan más las profesiones que requieren la habilidad de percibir el dolor del otro, como la enfermería, o aquellas donde se necesita mayor capacidad de hablar o explicar, como la docencia. Podemos notarlo en el ejercicio de las distintas ramas de la medicina. Los sectores donde se necesita ver las conexiones entre los sistemas, como en la endocrinología, son dominados por las mujeres, mientras que aquellos en que se requiere ver los órganos en las tres dimensiones, como la cardiología o la radiología, con frecuencia son controlados por los hombres.


La plasticidad (capacidad para el cambio) cerebral

La ciencia ha demostrado que el cerebro de modo continuo forma nuevos circuitos (conexiones) o altera los circuitos ya existentes, según las distintas vivencias que el ser humano atraviesa a lo largo de la vida, a fin de registrarlas en la memoria. Esto se conoce en medicina como plasticidad cerebral. De manera que, cualquier experiencia nueva produce una excitación en las neuronas cerebrales y cuando esta se repite, las excitaciones neuronales son repetitivas. Aquellas neuronas que se disparan juntas forman conexiones (circuitos) y la repetición refuerza estas conexiones creando caminos que finalmente configuran redes neuronales. Cuando estas redes neuronales son estimuladas, se forman redes de preferencia. Lo opuesto también es cierto: cuando una red neuronal se deja de usar se atrofia y muere. La observación de esta capacidad del sistema nervioso dio origen al dicho «úsalo o piérdelo»

La estructura cerebral llamada núcleo caudado es la responsable de controlar los disparos neuronales, y estos son la manera como los circuitos forman patrones de respuesta en la memoria, que a la vez producen la adaptación y la maduración cerebral. Si un niño se quema la piel al encender un fósforo, como consecuencia de esa experiencia se formará una nueva conexión en su cerebro que permitirá que la próxima vez que vea un fósforo encendido, no lo toque.

El cerebro humano es una computadora inigualable. Cada neurona es capaz de conectarse y comunicarse con alrededor de 7000 a 10 000 otras neuronas. En un segundo, un billón de neuronas puede dispararse de 10 a 100 veces, y enviar neurotransmisores a otras neuronas, lo cual produce conexiones en las diferentes áreas cerebrales. Gracias a estas conexiones neuronales podemos crear un sentido de identidad como individuos, separados del resto del mundo, y a la vez crear un sentido del otro, para saber cómo relacionarnos con las demás personas. Esto produce continuidad sin perder la flexibilidad.

Los cambios de la arquitectura cerebral se producen durante toda la vida. Por eso, en ambos géneros, el cerebro cambia en cada etapa del desarrollo humano. De modo que, el niño es diferente del preadolescente, el preadolescente del adolescente y el adolescente del adulto. La próxima imagen corresponde a un estudio que demuestra la maduración cerebral en las diferentes áreas. En la ilustración, las mediciones exhiben el progreso a lo largo de los años. Las áreas rojas y amarillas son las menos maduras, las azules revelan mayor madurez, y el púrpura corresponde al desarrollo completo.


El rostro masculino y femenino responden de diferente modo a las emociones

La amígdala cerebral es responsable de procesar y controlar las reacciones emocionales en ambos géneros. Después de procesar la señal, la amígdala envía el mensaje hacia el hipotálamo, donde se regulan las hormonas que afectan la expresión fisiológica de las emociones. Frente a una amenaza, la amígdala procesa las emociones de temor y provoca la estimulación a respuestas como la agresión. La amígdala masculina es más grande que la femenina, y esto se manifiesta aun en las motivaciones que cada sexo posee, por ejemplo, al participar en un juego. Para las niñas el objetivo del juego es formar relaciones cercanas con otras amigas, mientras que para los niños representa una oportunidad para demostrar el rango social, el poder físico y la defensa de su territorio. Esto no significa que las niñas no pueden ser violentas, sino que ellas demuestran la agresividad de una manera diferente. Su cólera es más sutil, pero no deja de estar presente. La violencia es el instinto natural de supervivencia de aquellos que no tienen el Señor. A través del proceso de santificación, el Espíritu de Dios moldea nuestras vidas hasta alcanzar la mansedumbre. Por eso expresó el Señor «… aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas» (Mateo 11:29). La agresión física es menos común en las mujeres gracias a una combinación de frenos fisiológicos que ellas poseen:

  1. En el cerebro femenino existen más circuitos que desvían la señal de la amígdala (región involucrada en las emociones, en los instintos de supervivencia y en la memoria) hacia la corteza cingulada anterior (región encargada de la toma de decisiones y en la regulación de las emociones) de manera que ella pueda procesar el evento.

  2. Las mujeres tienen más habilidad verbal, por lo cual es usual que desee resolver la situación mediante la comunicación.

  3. Como la conexión es su meta, las mujeres prefieren evitar el conflicto. Por consiguiente, es común que evalúen la situación en la mente y luego dialogan antes de reaccionar.

Ahora bien, como la mujer tiene mayor facilidad con el lenguaje y sus circuitos verbales son más rápidos y extensos en comparación con los del hombre, cuando ella decide que es necesario hablar sobre un asunto, el hombre por lo general no puede «competir» con la mujer. Solo para compartir algunas estadísticas, veamos estos datos: los hombres de manera regular usan 7.000 palabras diarias mientras que las mujeres usan alrededor de 20.000. Esta diferencia empieza a notarse desde la niñez. También, las niñas comienzan a hablar más temprano que los niños, y a la edad de 20 meses el vocabulario de ellas, es de dos a tres veces más amplio que el de ellos. Los varones alcanzan a las niñas, pero no en velocidad, debido a que las dos áreas cerebrales del lenguaje —área de Broca y área de Wernicke— son el 23% y el 13% respectivamente más grandes en las mujeres. Además, el cuerpo calloso, cuya función es servir de conexión entre los dos hemisferios cerebrales, es también más grande en el género femenino, aunque hay algunos estudios que cuestionan este dato.


El Diseño de Dios desde la niñez

    • «No estaba oculto de ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado, y entretejido en las profundidades de la tierra» (Salmo 139:15)

Introducción

Los padres que tienen hijos de distintos géneros se han percatado de que los varones y las niñas no solo poseen diferencias en sus personalidades, sino también en su forma de pensar y de actuar. Si los evaluamos con objetividad, no hay dudas de que la disparidad es evidente. Sin embargo, no siempre logramos captar lo que se presenta ante nuestros ojos porque nuestra cosmovisión se interpone.

Poseemos creencias profundas que son parte de nuestro ser y no cuestionamos su veracidad a menos que nos detengamos a evaluarlas. En numerosas ocasiones, ni siquiera identificamos estos juicios porque están arraigados en nuestra subconsciencia. Si nuestra posición es que los dos géneros son iguales desde su nacimiento, pero se desarrollan con personalidades distintas, atribuiremos las diferencias a factores externos, ambientales o culturales. Entonces, la conclusión lógica para explicar las desemejanzas es que se derivan de la educación que cada individuo recibió de los padres, los abuelos, los profesores, la niñera, el cónyuge, etc. a lo largo de su vida. Ahora bien, para que nuestra vida cristiana esté a la altura del llamado que hemos recibido de Dios no debemos conformarnos al modo de pensar del mundo (Romanos 12:2) para percibir de forma clara la realidad. La sociedad desea moldearnos; anhela que nos acomodemos a sus patrones, así que nos inculca una ideología que parece progresista y lógica, pero al final es un camino de muerte. Por eso nos advierte el Libro de Proverbios: «Hay camino que al hombre le parece derecho, pero al final es camino de muerte» (Proverbios 16:25).


¿Cuáles son algunas de esas diferencias?

En el varón, la etapa comprendida desde el nacimiento hasta el primer año de vida se denomina etapa de la pubertad-infantil. Durante este tiempo, la testosterona está elevada a niveles iguales a los que se registran en la adultez, estimula el crecimiento de los músculos y mejora las habilidades motoras del niño. A partir del primer año y hasta alrededor de los diez, la testosterona disminuye, pero la hormona SIM (sustancia inhibidora mulleriana) se mantiene elevada. Este período se conoce como la pausa juvenil y se cree que durante esta etapa el cerebro está formando más circuitos para la exploración y para jugar en forma «áspera». En los varones, los circuitos que controlan las funciones visuales se activan más que en las mujeres aun en la niñez. En comparación con las niñas, los niños prestan más atención a los cuerpos en movimiento, las formas geométricas y los ángulos de los objetos para investigar su entorno.

Esto se nota desde temprana edad con los móviles que se colocan encima de la cuna del bebé. Mientras los varones fijan su atención en el móvil, las niñas observan más las caras de quienes están a su alrededor. La realidad es que el género masculino está programado para moverse, para provocar que los objetos se muevan o para observar las cosas en movimiento.

El sistema nervioso activa los músculos en los niños aun cuando ellos solo piensen en el movimiento, pero esto no pasa en las niñas. Por ejemplo, cuando un varón juega un videojuego, las imágenes por resonancia magnética funcional (IRM-f) han demostrado que cada vez que el personaje en el juego salta, el área cerebral que controla el salto en el niño está activada. Asimismo, cuando un niño lee una palabra relacionada con movimientos como correr, su cerebro manda una señal a las piernas para que estas se preparen para moverse, producto de una contracción nerviosa. El cerebro, los músculos y el desarrollo del sistema nervioso del varón fueron diseñados por Dios para realizar las tareas que él debe desempeñar.

Si revisamos las tareas asignadas por Dios a Adán, veremos cómo el mandato de cultivar y cuidar del Jardín de Edén fue otorgado antes de que Él creara a Eva (Génesis 2:15). Dios diseñó al varón con la fuerza física y la capacidad de movimiento necesarias para completar esa labor.

Por otro lado, la competencia es también parte del diseño de Dios para los hombres. Por lo general, ellos no hablan de forma amistosa, sino que exigen las cosas, amenazan a las personas a su alrededor, se jactan, ignoran las sugerencias de otros y dominan la conversación. Todo eso es parte de la imagen caída del sexo masculino. En un estudio realizado en Suecia, se observó que los varones que tenían niveles más elevados de testosterona reaccionaban con mayor agresividad ante los desafíos. Es posible observar esto incluso en el patio de recreo, en las escuelas y los colegios. Los niños, con frecuencia, luchan y pulsean entre sí. Al jugar, los varones en edad preescolar suelen utilizar objetos domésticos como armas de combate, porque la agresión y la dominancia producen una elevación en los niveles de la hormona dopamina que a la vez estimula el sistema de recompensa del cerebro.

Otra diferencia notable entre ambos sexos es la forma en que hombres y mujeres juegan el mismo juego. Por ejemplo, los varones monopolizan las bicicletas y pelean con sus pares para mantener el control sobre ellas. Su forma de jugar con otros niños es chocando unos contra otros. Por el contrario, las niñas son más cuidadosas de no colisionar y ceden las bicicletas a sus compañeros. Este comportamiento se ha observado en edades tan tempranas como los dos años, que es cuando el varón trata de establecer dominancia física y social.

En una ocasión, un psicólogo le preguntó a un niño de seis años qué era lo más importante que debería saber y su respuesta fue: «Saber cómo pelear». Del mismo modo, en un estudio realizado con niños en una guardería, los varones demostraron que poseían una jerarquía clara después de su primera sesión de juegos. Para la segunda sesión ya todos los niños estaban de acuerdo con el rango de cada persona y esa jerarquía se mantuvo estable durante los seis meses que duró el estudio. ¿En qué se basó el rango? No fue en que el tamaño del niño era más grande, sino en su negación a ceder durante un conflicto. Los niveles de testosterona en estos niños estaban más elevados que en los otros, aunque todos se mantuvieron dentro de los rangos normales para su edad. Sin embargo, como solo un niño puede ser el macho alfa (dominante), los demás niños formaban alianzas con él, le entregaban lo que quería y le hacían favores para mantenerse cerca del líder.

La maduración tardía de los circuitos cerebrales en el área frontal, unida a la fuerte programación para la exploración en un adolescente, provocan que este sea capaz de seguir adelante aun si eso conlleva comprometer su seguridad personal.

Lo que una niña aprende en sus dos primeros años de vida se convierte en su realidad. Durante ese tiempo se forman huellas epigenéticas que la afectarán por el resto de su existencia. Si el cariño, la atención y la aprobación son carentes a lo largo de su niñez, cuando ella sea adulta se enamorará, pero tendrá dificultad en sostener la relación. Un estudio realizado con jóvenes universitarias que no recibieron un buen cuidado maternal durante la niñez, evidenció que esas jóvenes tuvieron respuestas hiperactivas al estrés en las gammagrafías de TEC y secretaron más cortisol (hormona del estrés) hacia el torrente sanguíneo, producto de un aumento en los niveles de ansiedad, el estado de vigilancia o el miedo. Sin embargo, si la niña recibe cuidados de un sustituto, esta reacción puede evitarse. De modo que, nuestras reacciones son una combinación del diseño original de Dios y las experiencias vividas. Los genes de la mujer, en unión con las hormonas, han provocado que la conexión social sea la prioridad de su ser. Esto ocurre por el diseño divino que ha dotado a la mujer con esos genes y hormonas y los ha usado para cumplir Su propósito en ella.

El cerebro femenino está biológicamente programado para la conexión. Esto explica por qué las mujeres poseen la habilidad de conectar con profundidad en la amistad. Ellas gozan de una capacidad que parece casi psíquica para leer las expresiones faciales, el tono de voz, las emociones y el estado de ánimo de los demás, así como una gran agilidad verbal. Las mujeres usan estas habilidades para resolver conflictos y mantener la armonía.


Cambios en la pubertad

Como mencionamos antes, la meta de las mujeres es crear un mundo donde ellas sean el centro de atención. El principal problema con esta idea es que el centro del universo es Jesús (Colosenses 1:16); además, como cada una está tratando de ser el centro, las mujeres están en constante combate unas con otras.

Antes de la pubertad, los varones y las mujeres responden de manera similar ante las dificultades. Se sienten seguros. Sin embargo, cuando llega la pubertad y las hormonas comienzan a diferenciarse, la respuesta al estrés cambia y produce un reajuste en los dos géneros. Los varones disminuyen la respuesta al estrés, mientras que las niñas la aumentan y comienzan a sentirse inseguras. Las diferencias son aún mayores porque el tipo de estrés al que cada género responde es distinto. Los varones reaccionan más ante la amenaza de perder su autoridad, mientras que las mujeres son más afectadas por la amenaza a las relaciones.

En parte, esto se debe a que cada género usa diferentes áreas y circuitos del cerebro para resolver los problemas, procesar el lenguaje y experimentar o almacenar las emociones fuertes. Cada uno tiene la capacidad de realizar todas estas funciones, pero la forma de realizarlas y las áreas utilizadas para ello son diferentes en cada género.

Luego de la pubertad, la depresión es más común en las mujeres. Una de las razones es el reajuste hormonal. La hormona serotonina está relacionada con la depresión y se han encontrado cambios en algunos genes, como el CREB-1 que tiene la capacidad de transcribir los genes cuando es estimulado por ciertas hormonas, como el estrógeno,124 y el gen transportador de serotonina que la recicla en la sinapsis del nervio para que esta hormona esté disponible para ser usada de nuevo. Se cree que la serotonina afecta los circuitos neuronales que comunican la amígdala con el cíngulo cuando es estimulada por el estrógeno.

En el Instituto Karolinska, una institución universitaria en Suecia, realizaron una investigación por medio de gammagrafías de TEC donde descubrieron que las mujeres poseen más receptores para la serotonina (la hormona de la felicidad) en ciertas áreas cerebrales, pero menos transportadores de serotonina para devolver la serotonina secretada hacia la neurona de modo que esté disponible nuevamente, lo cual explica por qué la depresión es más común en las mujeres. Por otro lado, como los estrógenos también afectan los ritmos circadianos (ciclo de dormir y despertar), esto puede explicar por qué el tiempo que les toma dormirse a los varones es mayor y por qué innumerables mujeres se quejan de padecer de insomnio al llegar a la menopausia. Como ya mencionamos, durante la octava semana del período fetal, en el embrión masculino hay un aumento súbito de la testosterona que produce a su vez un aumento de las células en el área del deseo sexual. Después de nacer, la testosterona es el estímulo para este deseo.

Como ya mencionamos, durante la octava semana del período fetal, en el embrión masculino hay un aumento súbito de la testosterona que produce a su vez un aumento de las células en el área del deseo sexual. Después de nacer, la testosterona es el estímulo para este deseo. Entre las edades de 8 a 14 años, los niveles de estrógeno en las mujeres aumentan de 10 a 20 veces, pero la testosterona se eleva solo 5 veces. En contraste, los varones entre las edades de 9 a 15 años experimentan una elevación de la testosterona 20 veces por encima del nivel que se halla en el preadolescente. Este aumento estimula el crecimiento de los circuitos cerebrales que se formaron en la etapa fetal, y produce un incremento en los circuitos hipotalámicos para el deseo y la búsqueda sexual, que es dos veces mayor que en las mujeres. Desde entonces, el deseo sexual en el hombre siempre está en «piloto automático» o «encendido en el fondo». Por medio de encuestas se ha determinado que los pensamientos sexuales flotan en la mente masculina en un promedio de 1 cada 52 segundos, a diferencia de la mujer, que por lo general tiene este tipo de pensamientos una vez al día.

Alrededor de los once o doce años un joven comienza a sentir atracción sexual y a experimentar fantasías sexuales. Al mismo tiempo, se origina en él una repugnancia por las feromonas de su madre y esa es la razón por la que no desea ni que ella se le acerque.

La atracción sexual ocurre en la subconsciencia, no es algo que él provoca. Si unimos estos cambios biológicos a la caída, que provocó en el hombre una inclinación continua hacia el pecado, entonces existe razón suficiente para atender a las palabras del profeta Jeremías: «Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?» (Jeremías 17:9). La Palabra de Dios revela que nuestra naturaleza es pecaminosa. No somos pecadores porque pecamos, sino que pecamos porque somos pecadores (Romanos 3:12). Por medio de las palabras del apóstol Pablo a los romanos comprendemos mejor la guerra espiritual que luchamos:

    • «Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo la ley de que el mal está presente en mí. Porque en el hombre interior me deleito con la ley de Dios, pero veo otra ley en los miembros de mi cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros» (Romanos 7:21-23).

Sin embargo, la existencia de esta lucha no justifica la promiscuidad, pues la Escritura nos manda: «Andemos decentemente, como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias…» (Romanos 13:13). El creyente es responsable de cómo responde ante la tentación, y la Biblia también nos advierte sobre la procedencia de nuestras tentaciones: «Que nadie diga cuando es tentado: Soy tentado por Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal y Él mismo no tienta a nadie. Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión» (Santiago 1:13-14).

La sabiduría de Dios es en extremo más profunda de lo que podemos entender (Romanos 11:33), pero en lugar de alejarnos de Él, lo insondable de Sus juicios y decretos debe producirnos mayor fe y confianza en lo revelado. El Señor creó todo lo que existe y, por lo tanto, Él entiende mejor que nosotros cómo funciona Su creación. Debemos creer y confiar en Su Palabra, aunque no la entendamos a plenitud.

Se ha observado que los hombres son estimulados por lo que ven y las mujeres por lo que oyen. Las resonancias magnéticas funcionales han demostrado la razón biológica de esta observación. En el hipocampo, que es el área donde residen los centros cerebrales para el lenguaje y el oído, la mujer tiene 11 % más neuronas que el hombre, y cuando está enamorada experimenta mayor actividad en los circuitos relacionados con el área de los instintos, la atención y la memoria. Por su parte, los hombres poseen más actividad en las regiones que afectan los procesos visuales, quizás esto explique por qué el varón es más propenso a las tentaciones relacionadas con la vista. El hub (centro) cerebral para las emociones y el recuerdo de estas es más grande en la mujer que en el hombre. En contraste, el centro del deseo o impulso sexual y de la agresividad es dos veces y medio más grande en el hombre que en la mujer. Entonces, puesto que el hombre es más estimulado por la vista, es importante que la mujer preste atención a la Palabra cuando llama a las mujeres a vestirse y comportarse con decoro: «Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos» (1° Timoteo 2:9).


Los deportes y juegos v/s la ideología de género

Aun cuando se trate de juegos y deportes no violentos, es evidente que los hombres son más apasionados con este tipo de actividades que las mujeres. Podríamos preguntarnos si existe alguna condición fisiológica que impulse al género masculino a emocionarse tanto con los deportes. En ese sentido, algunos estudios revelan que antes de una competencia, las hormonas dopamina, testosterona, cortisol y vasopresina se elevan en los varones, aunque ellos solo sean espectadores del juego. Cuando ganan la competencia, los niveles de testosterona se elevan más que cuando no ganan y esto ocurre incluso cuando solo son espectadores. Este incremento de la testosterona produce en el hombre una sensación similar a estar drogado. No olvidemos que el desafío acrecienta los niveles de testosterona y eso provoca un aumento del placer.

Según algunos estudios, cuando los varones adolescentes juegan en grupos, realizan actos más riesgosos porque experimentan más euforia emocional que cuando juegan solos. En un videojuego de conducir, la presencia de sus iguales duplicó los riesgos que los jugadores tomaron. A nivel fisiológico, esto se debe a que existen dos sistemas distintos que dirigen el cerebro. El primero es el sistema de activación, dirigido por la amígdala cerebral, que es la responsable de impulsar las acciones. Cuando los varones están con otros amigos, este sistema recibe el doble de estimulación. El segundo es el sistema inhibitorio, gobernado por la corteza prefrontal, que es el freno del cerebro, pues permite al individuo pensar de forma cuidadosa y medir los riesgos antes de actuar. El doctor Jay Giedd del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, descubrió que en los varones el sistema inhibitorio madura dos años más tarde que en las mujeres, cuando estos llegan al inicio de la década de los 20.

Las diferencias entre los varones y las mujeres se notan aun cuando observamos a los niños preadolescentes jugar. Aunque los niveles hormonales son similares durante esta etapa de la vida, la respuesta de cada género es diferente. Como hemos mencionado, cuando surge un conflicto, es común que las niñas decidan parar de jugar y evitar así el enfrentamiento. Por su parte, los niños intensifican el juego y aumentan la competitividad para dominar la situación. Por consiguiente, ellos pueden discutir durante horas hasta ganar. La victoria es más importante para los varones que para las mujeres, pues para ellos el propósito del juego es determinar el rango social.

Esta inclinación natural del hombre a ejercer dominio es parte de su diseño y posee una raíz bíblica: el mandamiento de gobernar la tierra registrado en Génesis 1:28. En contraste, para las niñas el propósito principal del juego es la conexión con los demás (Salmo 144:12b). Esto se debe a que el deseo innato de conexión está programado en su cerebro para ayudar (ézer) a mantener la armonía y el sentido de unidad. El interés de las niñas se enfoca en las expresiones emocionales porque ellas buscan su sentido de identidad a través de la conexión. Ellas «prefieren» evitar el conflicto porque las discordias chocan con su deseo natural de mantener los vínculos, recibir aprobación y nutrir a otros.

Algunas investigaciones han arrojado resultados en extremo preocupantes y debemos prestarles atención. Uno de esos estudios se realizó en Japón por el profesor Ryuta Kawashima de la Universidad de Tohoku utilizando resonancias magnéticas funcionales (IRM–f). Este trabajo evidenció que mientras las personas participan en videojuegos, la corteza prefrontal (el área encargada de la regulación de la conducta social) no está activada, a diferencia de lo que ocurre cuando las personas participan en juegos de laberintos o relacionados con las matemáticas y el lenguaje. Aún peor, los resultados revelaron que hay juegos que, de modo literal, desactivan la corteza prefrontal, como también sucede cuando miramos la televisión. Durante dicho estudio, la activación solo se registró en las áreas del cerebro que controlan la vista y el movimiento. Así mismo, la investigación mostró que los ejercicios matemáticos activaron las áreas frontales bilaterales donde se encuentran las regiones de la memoria, la emoción, el aprendizaje y el control de la conducta.

El profesor Kawashima postulaba que la generación actual, que usa tantos videojuegos violentos mientras crece, desarrollará una sociedad progresivamente más violenta por el efecto que tienen esos juegos sobre la habilidad de controlar los elementos antisociales de su comportamiento.

En la 88.ª reunión anual de la Sociedad de Radiología de América del Norte, celebrada en la ciudad de Chicago en diciembre del año 2002, el doctor Vincent Mathews de la Universidad de Indiana presentó un estudio realizado usando IRM-f con dos grupos de adolescentes de 13 a 17 años. El estudio comparó a jóvenes sanos con aquellos que tenían un diagnóstico de trastorno de conducta perturbada. Ambos grupos jugaron dos videojuegos diferentes, uno no violento de carreras automovilísticas y el otro violento, del tipo de James Bond. En los dos grupos se observó una disminución en la actividad cerebrovascular durante la exposición a los videojuegos violentos y esto fue más notable en aquellos jóvenes que jugaban con mayor frecuencia. Es como si estos juegos produjeran una desinhibición de la conducta, lo cual solo contribuiría a agravar la tendencia agresiva que de por sí ya expresan los varones.


Principios de aplicación

En nuestros días, observamos cómo diferentes cadenas de tiendas han anunciado con gran interés que sus departamentos de juegos ya no realizarán una distinción entre juegos para niños y juegos para niñas. Esta es una expresión de las enseñanzas de la ideología de género, que afirma que la diferencia de sexo no corresponde a un diseño biológico, sino a la transmisión social de una idea errónea.

Una nueva cosmovisión ha surgido en términos de la sexualidad humana. Dicho entendimiento se opone a miles de años de vivencias del ser humano y a lo demostrado por las investigaciones. Existen diferencias claras entre el diseño del hombre y el de la mujer, lo cual es demostrado por la ciencia. Es lamentable que, en innumerables ocasiones, las ideas no cambian por los resultados de los estudios y de la observación prolongada, sino por lo que afirma una minoría que controla los medios de comunicación o por los formadores de opinión que siempre han creído que su pensamiento liberal es más avanzado y progresista que el del resto de la población.

El ser humano peca y luego crea una cosmovisión que justifique su pecado. De este modo, puede criticar a todo aquel que se opone a su nueva interpretación del mundo. El cristiano no debe permanecer callado ante la maldad porque, como fue dicho, lo único que se requiere para que la maldad triunfe es que los «hombres buenos» no hagan nada. Esta verdad aplica a todos los seres humanos, pero en particular a los cristianos que debemos ser la luz del mundo y la sal de la tierra. Enmudecer cuando es preciso hablar no es piadoso, así como hablar cuando es necesario callar tampoco lo es. Con frecuencia, el cristiano es culpable de ambas cosas.


Los 4 capítulos de esta enseñanza presentados en este articulo fueron:

  • Cap 1 – El diseño de Dios: varón y hembra
  • Cap 2 – Conociendo un poco más de la ideología de género
  • Cap 3 – La arquitectura cerebral de ambos géneros
  • Cap 4 – El diseño de Dios evidente desde la niñez

El material de estos capítulos fue tomado en su totalidad del libro “Revolución sexual”, escrito por Catherine Scheraldi y Miguel Núñez.

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