Santa Cena

La Santa Cena o también llamada la Cena del Señor, es uno de los sacramentos (junto al bautismo) que fue instituido por el Señor Jesucristo, quien lo ordenó que se practicara hasta su venida (Lc 22:19;
1 Co 11:24). También es conocida como “Comunión” (1 Co 10:16), “Eucaristía” (término griego que se refiere a «Acción de Gracias» Mt 26:26) o “Partimiento del Pan” (Hch 2:42).

Los dos elementos en la Santa Cena son el «Pan» y el «Vino», los cuales representan el «Cuerpo» y la «Sangre» de Cristo. Su cuerpo fue quebrantado cuando llevó nuestros pecados en la Cruz (1 Pe 2:24), y la sangre establece un Nuevo Pacto, es decir, la promesa divina de la vida eterna.

El Señor Jesucristo enfatizó en la ordenanza «haced esto en memoria de mí» (Lc22:19), para recordar su sacrificio, que es la base del perdón de los pecados y esperar en la promesa de su segunda venida.


Institución de la Sena del Señor

  • 14Cuando llegó la hora, Jesús se sentó a la mesa, y con Él los apóstoles, 15 y les dijo: «Intensamente he deseado comer esta Pascua con ustedes antes de padecer; 16 porque les digo que nunca más volveré a comerla hasta que se cumpla en el reino de Dios». 17 Y tomando una copa, después de haber dado gracias, dijo: «Tomen esto y repártanlo entre ustedes; 18 porque les digo que de ahora en adelante no beberé del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios». 19 Y tomando el pan, después de haber dado gracias, lo partió, y les dio, diciendo: «Esto es Mi cuerpo que por ustedes es dado; hagan esto en memoria de Mí». 20 De la misma manera tomó la copa después de haber cenado, diciendo: «Esta copa es el nuevo pacto en Mi sangre, que es derramada por ustedes.(1° Corintios 11:14-20)

Significado bíblico de la cena del Señor

La Santa Cena tiene mucha relación con la Pascua. El propósito de la comida de Pascua era explícitamente conmemorativo. Dios le dice al pueblo de Israel cómo responder cuando las generaciones futuras pregunten lo que significa la comida: «Les responderán: Este sacrificio es la Pascua del Señor, que en Egipto pasó de largo por las casas israelitas: Hirió de muerte a los egipcios, pero a nuestras familias les salvó la vida” (Ex 12:27 NVI).

Por esta razón, no es casual que la institución de la «Cena del Señor» coincidiera con la Pascua, pues Jesús explícitamente la llamó «la comida de Pascua» (Mt 26:18-19).

El trasfondo del Antiguo Testamento

En la primera Pascua, Dios ejecutó al primogénito de toda casa que no tenía el marco o dintel manchado por la sangre de un cordero (Éx. 12:29). El cordero era el sustituto que moría para salvar al primogénito. Años después, en el templo, todos los días se sacrificaba un cordero en la mañana y otro en la tarde (Éx. 29:39).

¿Por qué tanto sacrificio? Porque el hombre es pecador y merece morir, y porque, en su condición pecaminosa, no puede acercarse a un Dios santo.

Los corderos ofrecidos diariamente morían como sustitutos de la nación de Israel, y preservaban la presencia de Dios con Israel. Todo este sistema enfatizaba algo: nadie merece acercarse a Dios por sus propios méritos. Todos somos pecadores y merecemos morir.


Orden cronológico de la vida cristiana

CONVERSIÓN
(Recibimos al Espíritu Santo)

BAUTISMO
(1° sacramento, una sola vez)

SANTA CENA
(2° sacramento, constantemente durante la vida cristiana)


¿Se puede tomar la cena del Señor sin ser bautizado?

La Biblia nos enseña que el Señor Jesús la noche de Pascua que instituyó la Santa Cena, invitó a tomarla sólo a sus discípulos (Lc 22:14), y todos ellos ya habían sido bautizados.

Por otra parte, muchos piensan que cualquiera puede tomar la Santa Cena, argumentando que Judas la tomó, pero se equivocan, pues es imposible que el Señor Jesús haya dejado profanar ese momento, cuando se llevó a cabo esta institución sagrada en memoria de sus padecimientos y de su muerte.

Judas Iscariote no tomó la Santa Cena, solo un bocado de pan mojado en salsa de hierbas amargas que hacía parte de la comida pascual judía (Ex 12:8). La Biblia nos resalta en el Evangelio de Juan 13:30 el momento en que Judas sale del lugar antes de esta institución.

  • “Y Judas, después de recibir el bocado, salió inmediatamente; y ya era de noche”
    (Juan 13:30)

Por último, otro argumento bíblico que enfatiza que es importante estar bautizado antes de participar de la Santa cena lo encontramos en el libro de Hechos, cuando los apóstoles llevan a cabo el mandamiento de predicar el evangelio y bautizar a los nuevos creyentes.
Pero también participan de la «Comunión y Partimiento del Pan» unos con otros.

  • “Entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como 3,000 almas. Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración” (Hechos 2:41-42)

¿Qué es tomar la cena del Señor indignamente?

  • De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. (1° Corintios 11:27-29)

La Santa Cena es uno de los momentos más solemnes en la vida del cristiano. Una de las frases más impactantes del Nuevo Testamento aparece en el contexto de la Santa Cena.

El apóstol Pablo advierte en contra de “tomar indignamente” de ella. Si lo haces, eres culpado del cuerpo y de la sangre de Cristo. Esta severa advertencia nos lleva a la pregunta: ¿Qué significa tomar indignamente de la Santa Cena? ¿Cómo puedo tomar dignamente de la Santa Cena y evitar ser juzgado?

Muchas veces se ha explicado así:

  • “Si esta semana no has vivido en santidad, no tomes de la Santa Cena”
  • “Si en estos días te enojaste con alguien, no debes cenar”
  • “Si esta semana pecaste, no puedes participar de la Santa Cena”

Aunque estas afirmaciones suenan lógicas a primera vista, hagamos una reflexión más profunda y estudiemos el contexto de lo que nos indica la enseñanza bíblica.


La reprensión de Pablo a los corintios

  • Pero al darles estas instrucciones, no los alabo, porque no se congregan para lo bueno, sino para lo malo. Pues, en primer lugar, oigo que cuando se reúnen como iglesia hay divisiones entre ustedes, y en parte lo creo. Porque es necesario que entre ustedes haya bandos, a fin de que se manifiesten entre ustedes los que son aprobados. Por tanto, cuando se reúnen, esto ya no es comer la Cena del Señor. Porque al comer, cada uno toma primero su propia cena, y uno pasa hambre y otro se embriaga. ¿Qué? ¿No tienen casas para comer y beber? ¿O desprecian la iglesia de Dios y avergüenzan a los que nada tienen? ¿Qué les diré? ¿Los alabaré? En esto no los alabaré. (1° Corintios 11:17-22)

Ahora que hemos leído el contexto observamos que el apóstol Pablo condena la forma en que la iglesia de Corinto celebraba la Cena del Señor, porque debiendo ser una celebración de comunión entre los hermanos, se había convertido en glotonería, beber en exceso y división de los unos con los otros. Por una parte, los que tenían mucho dinero comían hasta saciarse y por otra los pobres quedaban hambrientos sin comer nada.


Entonces, ¿a qué concretamente Pablo le llama «indignamente»?

La palabra, “indignamente”, es un adverbio que está calificando o describiendo los verbos “comer” y “beber” (usados en el texto bíblico), de modo que Pablo dice que el que participa indignamente, juicio come y bebe para sí, es decir, hay un juicio para el que participa indignamente. La palabra indignamente es una “Acción reprobable, impropia de las circunstancias del sujeto que las ejecuta” (Enciclopedia Salvat, Tomo 7, Hare-Juss, Salvat Editores, S. A.). Esto es lo que estaba pasando con los corintios; la acción de
participar de la Cena del Señor que ellos hacían, era incorrecta, era una acción reprobable.

¿Por qué reprobable? Porque cuando participaban de los elementos, no “discernían el cuerpo del Señor”, (v. 29). La palabra discernir significa: “Distinguir una cosa de otra, señalando la diferencia que hay entre ellas” (Enciclopedia Salvat, Tomo 4, Con-Dzun, Salvat Editores, S. A.), y, precisamente, este era el problema de los corintios en la Cena del Señor, el NO DISTINGUIR entre la comida ordinaria de las casas y la Cena del Señor; el pensar que la Cena del Señor es algo que satisface el estómago, algo que termina con el hambre. Ellos no discernían correctamente, es decir, no pensaban en el sacrificio de Cristo al participar de la Cena, sino en alimentar su estómago y menospreciar a otros (vs. 21 y 22).

Es a esto, a lo que se refiere la palabra “indignamente…”, y no a si uno es digno de tomar la Cena o no (basado en la meritocracia). En cuanto a la palabra indignamente, E. W. Vine, erudito en griego, nos dice lo siguiente: “se usa… de participar indignamente de la Cena
del Señor; esto es, tratándola como una comida común, el pan y la copa como cosas comunes, no entrando en la conciencia de su solemne significado simbólico.” (Diccionario Expositivo de palabras del Antiguo y Nuevo Testamento)

Reflexionemos un poco. Cuando escuchamos las palabras de Pablo sobre participar indignamente de la Santa Cena, instintivamente evaluamos nuestro comportamiento en los días anteriores. Llevamos a cabo un pequeño recuento mental, algo así como: “¿Fui lo suficientemente bueno la semana pasada?”. «Si leí mi Biblia, si oré, si fui a la iglesia, si no cometí algún pecado escandaloso, entonces pienso que puedo tomar de la Santa Cena.»

Pero veámoslo desde otra perspectiva. ¿Cuán bueno tengo que ser para poder tomar de la Santa Cena? ¿Por cuánto tiempo? ¡Es algo totalmente subjetivo! Si tomo o no tomo depende de cómo me siento, y cómo me siento depende de la vara de medir que yo mismo me pongo. ¿Entonces? ¿Debo ser enteramente perfecto? ¿Casi perfecto? No; pensar así contradice la enseñanza de la Pascua, de los sacrificios diarios en el templo, la Cruz de Cristo, y la Santa Cena.

Aquí está la clave: nadie puede acercarse a Dios por mérito propio; nadie es digno, nadie es perfecto; todos tenemos que reconocer nuestro pecado e indignidad. El cristiano más maduro, el que tuvo una semana espléndida en su vida espiritual no fue perfecto, y no puede acercarse a Dios por mérito propio.

Pero esto no es lo único que nos enseña la Pascua y los sacrificios. También nos enseña que Dios proveyó un sustituto para que podamos acercarnos a Él a pesar de nuestra indignidad. Esa es nuestra gloriosa esperanza.


¿Y el juicio para sí?

El resultado de participar indignamente, es decir, no discerniendo correctamente la Cena del Señor, es lo siguiente: “será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.”. Aunque la palabra “será” está en tiempo futuro, en el versículo 30 hay consecuencias inmediatas, a las cuales el apóstol Pablo hace clara referencia como situaciones del presente.

  • De manera que el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, examínese cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba de la copa. Porque el que come y bebe sin discernir correctamente el cuerpo del Señor, come y bebe juicio para sí. Por esta razón hay muchos débiles y enfermos entre ustedes, y muchos duermen. Pero si nos juzgáramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados. Pero cuando somos juzgados, el Señor nos disciplina para que no seamos condenados con el mundo. (1° Corintios 11:27-32)

Por esta razón…

Al analizar el versículo, vemos la conexión entre la acusación y las consecuencias en la frase “por esta razón”. Es muy claro que el apóstol está afirmando que debido a la razón (al motivo) de que toman la Cena indignamente habían muchos débiles y enfermos entre ellos, e incluso dice “y muchos duermen”, que algunos traducen como “muchos están muertos”.

Ahora bien, hay quienes interpretan que estas consecuencias son literales, es decir, físicas, y otros (en donde nos encontramos nosotros) que es simbólico, en otras palabras, Pablo está alegorizando.

Los motivos por los que creemos que es simbólico y no literal es porque la Biblia es clara que las enfermedades físicas son parte de las consecuencias del pecado original, por lo cual los verdaderos creyentes no estamos exentos de ello; y por otro lado, que alguien muriera (“muchos duermen”) físicamente por tomar la Cena indignamente y no por pecados graves e incluso que se practican constantemente sería contradictorio a la doctrina bíblica.

Finalmente, si entonces es simbólico, podemos ver que tiene mucho sentido, ya que aquel que toma la Cena indignamente, es decir, no ha discernido el sacrificio de Cristo, nunca podrá crecer, madurar, echar raíces, mantenerse firme, afirmar convicciones, etc. ¿Qué significa esto? Que espiritualmente se mantendrá débil, enfermo, en un letargo (durmiendo) que no le permite vivir una vida plena y en abundancia.


Tomando la cena dignamente

1) Debo reconocer mi pecado e indignidad

Soy pecador. Nunca seré lo suficientemente bueno como para tomar de la Santa Cena con base en mis méritos. ¡Con el mirar pecamos! Puedo hacer buenas cosas, puedo serle fiel a Dios, puedo procurar vivir en santidad día a día, pero nada de eso es suficiente, porque no soy perfecto ni digno en mí mismo.


2) Debo aferrarme a la persona y obra de Cristo

Puedo acercarme a Dios y tomar de la Santa Cena porque Cristo murió en la cruz por mis pecados. Él es el cordero divino que pagó por mi maldad.

Puesto que Dios Padre acreditó la justicia de Cristo a mi cuenta, ahora puedo acercarme a Él. Dios me vistió de la santidad de su Hijo; me puedo acercar a Dios solamente por la persona y obra de Cristo. Esto me debe humillar, debe apagar mi orgullo y fariseísmo. Yo no soy digno, pero puedo acercarme a Dios y participar de la Santa Cena por los méritos de Cristo y el perdón que Él ganó por mí.


3) Debo confesar mis pecados específicos

Igual que el apóstol Pablo, quien puso su dedo sobre un pecado específico de la iglesia de Corinto (1 Co. 11:18-22, 33-34), nosotros debemos obedecer su instrucción de examinarnos a nosotros mismos para no ser disciplinados por Dios (comer juicio para sí).

Esto implica que la Santa Cena debe ser un momento de reflexión y autoevaluación. De esta manera reconocemos la gravedad de nuestros pecados, los confesamos a Él, y pedimos que la sangre de Cristo nos limpie. Al comer y al beber, estamos proclamando esta realidad: seguimos necesitados de la persona y obra de Cristo.


Conclusión

La maravillosa obra de Cristo nos hace dignos de tomar de la Santa Cena, por lo tanto, la siguiente ocasión que vayas a tomar de la Santa Cena, evalúa tu vida, pero no para ver si tienes mérito suficiente que te permita participar de ella, sino para reconocer tu indignidad, confesar tus pecados, y confiar en la obra del Cordero de Dios que quita tus pecados.

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